Historia Chacarita Juniors

Raúl Armando Savoy

Escrito por Guillermo Gasparini.

En la imagen: Raúl Savoy (A la Izquierda) y Mario Rodríguez (A la derecha), fueron transferidos juntos de Chacarita a Independiente.

Fue un jugador silencioso, y en silencio se marchó el 9 de diciembre de 2003, a los 63 años de edad. Desde su aparición en Chacarita hasta su despedida del fútbol en Boca, siempre fue un jugador importante en la estructura, funcional, de gran pegada y gran dinámica. Muchos de los que lo vieron sereno al dominar el balón, sin apuro, preciso, lo catalogaron de “frío”. Pero vivía los partidos con intensidad.

Comenzó como puntero izquierdo, a la usanza antigua, desbordante. Pero pronto, ante esa zurda prolija y muy justa al lanzar pases largos, fue colocado como insider, como armador de juego. Formó primero ala con el colorado Brookes, un jugador veloz y desordenado. Y luego, corriéndose otra vez hacia el lateral, llegó a la fama junto a Mario Rodríguez, un 10 distinto a los habituales, porque era más delantero de punta y rebotero. Por lo que Savoy, aun con el 11 en la espalda, siguió jugando como verdadero insider en ese equipo de Chacarita que ascendió en 1959 y hacía sus primeras armas en la primera. Juntos, precisamente, llegaron a una selección que compitió en el sudamericano de Bolivia, dirigida por su técnico en el tricolor, Horacio Amable Torres. Eran sus compañeros otros jugadores de clubes chicos, porque los grandes, en esa ocasión, no cedieron a sus jugadores. Y por eso alternó con Roberto Zárate, otro puntero que gustaba de bajar a buscar la pelota, como se decía entonces. En ese equipo estaba otro que también falleció en 2003: Enrique Fernández.

Ya eran tiempos de “punteros ventiladores”, puestos de moda primero con Melón en el Huracán de Néstor Rossi y después por Alberto González en el Boca de Rattín. Y Savoy, que ya había pasado a Independiente junto a “Mariulo” Rodríguez, se adaptó en forma perfecta a la función. Quizás con menos movilidad que Melón o González, pero con mejor ubicación y economía de esfuerzos. Lo arreglaba todo con su cachetazo zurdo, de corta o larga trayectoria. Y tenía buen promedio de goles, como que marcó 78 en 302 partidos en torneos locales. Una marca interesante para un volante.

Participó de las gestas americanas con el rojo de Avellaneda, siempre como pieza clave, aunque la hinchada no reconociera totalmente su despliegue. Pero ganó por cansancio. Cuando el equipo se renovó, formó ala con Aníbal Tarabini, un veloz puntero de remate violento. Y comenzó a ser utilizado como 8, lo que provocó interesantes variantes tácticas. Un zurdo a la derecha, y con la pegada de Savoy, tenía mucho panorama abierto para aprovechar a sus restantes compañeros de delantera. No podía competir con la espectacularidad de Artime, las gambetas de Bernao o la velocidad de Yazalde. Pero su tarea de alimentador de los atacantes era efectiva y cumplidora. Por eso despertó el interés de Boca, que quiso, de un golpe, quedarse con medio ataque de Independiente.

Pasó junto con Tarabini, aunque los xeneizes se quedaron con las ganas de Yazalde, mejor vendido a Portugal. Y en Boca siguió rindiendo como volante por la derecha, jugando a veces como un “media punta” actual o aun como 5. Despliegue y pegada seguían siendo sus atributos. Cuando Madurga impuso su modelo de volante veloz y con mucha llegada, perdió alguna vigencia y terminó siendo relegado por los más jóvenes. Ya hacia comienzos de los 70 no tenía tan claro el lugar en Boca. Y por eso siguió su campaña, primero en Uruguay y luego en Estados Unidos.

Un jugador siempre valioso, que rindió con todas las camisetas y en las más variadas funciones. Recordado por quienes lo vieron y olvidado por las generaciones futuras. Pasó sus últimos años en la cama de un hospital, apenas acompañado por la solidaridad de su viejo compañero Mario Rodríguez. Ahora que no está, es justo colocarlo en el sitial que merece por su trayectoria.

Llegó a Independiente en 1963 junto con Mario Rodríguez. Por tal razón Marcos Conigliaro, Néstor Rambert y Edgardo Jorge D’Ascenzo (este último a préstamo) pasaron a Chacarita como parte del pago de la transferencia.

También jugó en la Selección (1963-68), un total de 17 partidos y 7 goles y en 1972 jugó en Liverpool de Montevideo.

Escrito por Guillermo Gasparini.

Escribe un comentario

Su email no será publicado. Escriba en los campos obligatorios *

error: Contenido protegido por el autor