Historia Chacarita Juniors

1932 Entrevista a Pibona Alterio

Un divertida charla de Borocotó con un arquero que desde principios de los ‘20 cuidaba la valla “Funebrera” pero que además era todo un personaje: Eduardo Alterio, al que todos llamaban “Pibona”.

«Será un poco feo…; ¡pero es tan simpático!»

Así dicen por el barrio de sus hazañas. Y hay viejas que aseguran haberlo visto, si no lindo, por lo menos buen mozo. El mismo Alterio se suele hacer la reclame:

—Tenías que haberme visto en mis dieciocho años tangueros… No tenía la cara así… Después, me agarré una infección en una peluquería y quedé más arrugado que fuelle de «verdulera»… Ya ves: tengo veintisiete abriles y parece que…

—Agarrá el cinco de copas que se te cayó.

—No te voy a pagar pa que lo creas…

Pibona se pasó la mano por la cara, como para sentir el contacto con las arrugas. Movió un poco el melón; y se sonrió.

—¡Qué le vas a hacer! — me dice. Hay otros más fuleros…

Esquivé el puazo y encanillamos la conversación por otras rúas. Entonces, remolcados por la evocación, se vinieron algunos recuerdos de tiempos idos. Se vino el barrio con los paisajes de antes, y Alterio confiesa:

— ¡Si el barrio hablara…!

—Vos ibas en cana…

AMORES

 Era como muchos: un pibe callejero. Su ansiedad de aventuras le pedía cancha, mucha cancha. Cabrero en las broncas, retobado, desobediente, tenía siempre cero en conducta y unos cinco en aplicación. La vieja, de puro bondadosa, le hacía el descargo diciendo: «Es travieso, pero inteligente».

Amaba la calle y todos los encantos de la vida rea. Hoy… hoy… reparte sus amores: La señora, el fútbol, el escolaso, la calle. Los tiempos han cambiado y de aquel pibe andariego queda el muchachón reacho, cachador, el que al otro día del triunfo de Chacarita sobre Boca, le decía a un guinchero del puerto:

—Están listos, ustedes, los boquenses…

— ¡Esperá pa la revancha!

 — ¡Le voy a dar un botín de buzo a Varallo!

Y le mostraba, efectivamente, un botín de buzo. Después, por lo bajo, me dijo:

—Es peligroso Varallo… Él y Bernabé Ferreyra son los forwards más peligrosos del momento, ¿ sabés ?; pero yo lo cacho al guinchero.

Me lo decía estando a bordo, pues Alterio actúa algo así como marinero, maquinista, agregado y otras cosas más de una lancha perteneciente al Departamento Nacional de Higiene. Allí, entre barcos, me contó cosas de su vida futbolística.

DOCE AÑOS

—Hace doce años que estoy en Chacarita Juniors. Primero fui arquero de la tercera de Argentinos Juniors, el otro club del barrio. Después pasé a la necrópolis, y todavía sigo.

— ¿Hasta cuándo?

 —Hasta que me entierren; es decir, hasta que ya no las agarre ni de arriba ni de abajo.

Se hace un silencio que interrumpo con la siguiente reflexión:

— ¡Doce años!..

 —Ya podían haber ido a retirar dos veces los restos…

—Pero che, ¡vos llevas la conversación para el lado de los muertos!

—Es la costumbre… Vivimos en contacto con los muertos… Tan vecinos somos, que a veces ni nos damos cuenta que estamos vivos… — Y agrega. — Tenés que ver los de Argentinos las cosas que nos dicen: enterradores, sepultureros, de todo… ¡Qué partidos esos con los del barrio! Solamente los podían dirigir Macías y Galli. Si mandaban otro referee, ¡biaba!, ¡tortas!, ¡meta tortas entre los jugadores!

LOS BACKS Y EL FORWARD

Dice Alterio que las dos mejores parejas de backs que ha conocido de las que jugó con ellas en distintos combinados, las formaron Tarrío e Iribarren; Piaggio y Cuello. Y que forward más peligroso que ha conocido fue el Negro Seoane.

—Miráme dice, — además de lo ocurrido el domingo último, una vez jugabamos Capital y Provincia en la cancha Racing, y terminamos el primer tiempo ganando Capital por dos a uno. Al segundo tiempo…, ¿sabés lo que pasó? Pues que perdimos por cuatro a dos…, y tres goles los hizo el negro más mulero que conozco. Te mete un codo en la barriga, te pisa un pie, te tira de la camiseta,  te hace mil diabluras…, y primero él con la pelota.  Vos vas a saltar en un entrevero y Sentís. que te agarran… Cuando te largan, ya  la pelota está en la red. Protestás, decís lo que pasó…, pero el referee señala el centro, y allí empieza a tallar de nuevo.. Hace bien; te juro que hace bien. Todos son recursos. Ojalá mis forwards hicieran otra tanto a mis colegas.

— ¿Le tenés bronca a los arqueros?

—Más bien al puesto, aunque me gusta. Es el deseo de quitársela: Vos estás en el arco y te meten goles. Mientras la pelota va al centro, mirás al colega de enfrente deseándole que le pase otro tanto.

Por eso Alterio pateó algunos penales. Quería sacarse el gusto de meter goles; quería desquitarse en parte. Pero un día, le pasó algo raro en un match contra Vélez Sársfield ejecutando un penal. La cancha estaba un tanto barrosa y, por lo mismo, también la pelota. Pibona tiró el penal al centro y el arquero, Caucias, lo devolvió a medias. Alterio quedó indeciso. No sabía si escapar para su arco o adelantarse para patear la pelota que había quedado en el área. En ese segundo en que Caucias había devuelto, Pibona miró para atrás, pensando en qué ocurriría a su arco de producirse una corrida en contra; miró la pelota, miró al colega…, y cuando pateó de nuevo lo hizo desviado.

—Del jabón que tenía perdí ese gol — es su explicación.

QUIÉN ES «PIBONA» ALTERIO

 Ya dije algo, pero falta más. Faltaría mucho…, de aquello que no se puede contar. Como futboler, ya lo conocen. Es un buen arquero. No es nada excepcional, pero sí un elemento a quien cuesta hacerle goles. Está, por lo general, a un mismo nivel. Siempre juega bien, siempre hace su match, siempre justifica ser un goalkeeper de primera división. Y hubo momentos en que fue la gran columna de su team. ¡Lástima que era de yeta para los combinados! Casi siempre sonaba. Recién en los últimos partidos,  esos contra el Hakoah y los yugoslavos, ganó. En los anteriores, había palmado.

—Perdía jugando — me dice al par que hace una guiñada.

Hay en esas dos palabras una referencia indirecta al escolaso, aunque parezca dirigida al fútbol. Y a la guiñada agrega el gesto de la mano cuando agita los dados en el «pase inglés».

 —¿ Todavía seguís haciéndolos rodar?

—De vez en cuando… ¡Pero antes de casarme!…

Y me cuenta de las noches pasadas con los ojos prendidos de los dados; de las noches en que se orejeaba lentamente para prolongar la emoción del instante en que se descubre la pinta; de las noches en que las horas corrían más que una grand prix; de las noches que ahora, de tanto en tanto, se reviven porque el escolaso tira, absorbe, arrastra y obliga a que todos los días se diga lo mismo, se formule la misma sincera promesa que no se cumple: «No juego más».

Y todo lo dice con su voz ronca, sonriendo, contento, iluminando de simpatía esa cara arrugada, a la cual le hace la reclame:

—Tenías que haberla visto antes de la infección… Era bien churrasca…

Pibona mostrando el botín de buzo que le va a prestar a Varallo.

Fuente: El Gráfico.

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